Especial bebés

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Te oigo pensar al compás de mi respiración.
Muy bajito andas pensando en cómo será mi cara, la cara que fue sorpresa, magia, nervios y expectación cuando te vio a ti. Porque yo sí que te he visto, en una pantalla y sobre papel. También te he tocado, aunque en realidad no lo haya hecho. Si cierro los ojos te acaricio, tan suave. Te huelo y hueles un poco a mí y un poco a él. A tus dos mitades.
Todavía no has llegado y ya te mueres de ganas por vernos las caras. Puedo sentirlo. Puedo notar cada vez que te mueves bajo mis costillas que quieres conocernos tanto como nosotros a ti.
Mientras, te imagino juntando las manitas y sé que piensas en cómo serán estos dos desastres que pronto empezarán a jugar a ser padres. Que te decepcionarán y te sacarán de tus casillas en alguna ocasión. O en miles de ellas. Porque te lo advierto, pequeño, sólo somos dos locos que no tienen ni idea de lo que hacen. Que no están preparados. Que se mueren de miedo. Sólo somos dos locos enamorados de la vida y sobre todo de ti.
Dos personas expertas en improvisar amor que han llegado hasta ti al final de este camino. Dos corazones que están de celebración desde que les dieron la noticia y que ya siempre te querrán. Seas profesor o militar, introvertido o alérgico al polen, enamoradizo o un poco cara dura.
Te querremos siempre. Te queremos como nunca habíamos querido. Te esperamos con dos manos entrelazadas a las que les falta la tuya. Ya llega. Ya llegas. Ya falta menos, mi amor.
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